martes, 17 de septiembre de 2019


LA BIENAVENTURANZA DE LA PAZ
                                                            Carmiña Navia Velasco



La paz es un anhelo permanente a lo largo de toda la historia de la humanidad; la paz en todas sus acepciones y sentidos reposa como deseo profundo en el corazón de mujeres y hombres. Escribo estas reflexiones en medio de un mundo envuelto en guerras y  múltiples violencias y en un país que igualmente ha permanecido por años y años sumido en el azote de la guerra, de todo tipo de conflictos, desigualdades e injusticias… en un país en el que las violencias campean libremente sin que sean las menores de ellas, las violencias contra las mujeres.

En el siglo XXI, este anhelo de convivir en amor y paz, es un bien escaso y en ocasiones aparece como un horizonte sin regreso. Apunta hacia un sentido que se pierde y se esconde esquivamente. En Colombia en concreto, la palabra paz ha sido llevada y traída hasta el extremo, ha sido pronunciada muchas veces en vano. Estas reflexiones apuntan a una re-significación de esta realidad en el paradigma bíblico cristiano. Estas líneas quieren señalar a qué nos estamos comprometiendo cuando en las plazas públicas pedimos “paz” y agitamos banderas blancas con esas tres letras escritas. Los acuerdos se firman, pero la paz hay que construirla día a día, en un compromiso personal, comunitario y social que ha de llevarnos lejos. La paz es mucho más que la terminación de uno u otro conflicto. La paz no es una coyuntura, es una utopía hacia la cual tenemos que caminar unidos.

En nuestro país, en las últimas discusiones, el tema de la paz se ha circunscrito demasiado a una coyuntura específica y al mundo del campo, pero la ciudad colombiana -desde la cual escribo- está igualmente presa de dinámicas violentas y necesitada de propuestas y culturas de paz es necesario tener en cuenta esa globalidad:
De un lado el olvido de lo urbano se produce sobre la reducción del conflicto violento al conflicto armado, todo lo cual viene cargado de consecuencias. El foco centrado en el actor armado, en su palabra y sus estrategias, suprime otros escenarios y otras violencias (como la ciudad y su experiencia), confinando además la sociedad al papel de mero actor pasivo al que no le cabe responsabilidad alguna sobre el curso de la violencia (Perea 2016, Pág. 237)

Vamos a pasear nuestra mirada y atención por algunos aspectos de la tradición bíblico cristiana para desde allí dibujar y señalar un mapa en el que podríamos movernos durante esta búsqueda y construcción.



SENTIDO BÍBLICO DE LA PALABRA PAZ

En el oriente antiguo la paz era un SEMA amplio que apuntaba a la totalidad de una vida, a la realización de un destino de presencia Divina. Yhwh da instrucciones a Moisés sobre la forma de bendecir al pueblo:
            Yhwh te bendiga y te guarde; ilumine Yhwh su rostro sobre ti y te sea propicio.
            Yhwh te muestre su rostro y te conceda la paz. (Números 6, 25-26)

En el contexto de las escrituras judías la paz es algo que concede la Divinidad, en un acto que simultáneamente muestra el rostro de esa misma Divinidad, es decir es la máxima bendición a la que puede aspirar la persona creyente, porque ver el rostro de la Divinidad se considera en todas las religiones el momento cumbre de una vida, por ello la paz está ligada a una experiencia de máximo valor.

Shalom es un saludo especial en el oriente medio y en toda la cultura semita. Cuando uno se encuentra con el familiar, con el amigo, con el vecino o coterráneo, le saluda deseándole bienestar y ese bienestar máximo se expresa con el término PAZ. El reconocido teólogo escocés William Barclay, nos presenta así el significado del término que traducimos por paz:
Shalom tiene dos significados principales. Describe perfectamente el bienestar, la serenidad, la prosperidad y la felicidad. El saludo de oriente es Shalom y en ese saludo no solo le deseas a alguien que no tenga clase alguna de problemas, sino que le desea todo lo referente a su bienestar y su felicidad. Para el judío la paz es un estado de perfecto y completo bienestar. En segundo lugar Shalom describe las buenas relaciones personales, describe la intimidad, la amistad, la buena voluntad constante que puede haber entre dos personas. A simple vista se ve que la paz no sólo describe la ausencia de guerras y luchas; la paz describe la felicidad y el bienestar de la vida y la perfección de las relaciones humanas. Cuando el salmista pide que haya paz en Jerusalén, pide que las mejores bendiciones desciendan sobre esta ciudad y sobre su gente. (Barclay 1976, Pág. 92)

El SEMA paz, se convierte así en una concatenación de significados que se pueden resumir en bienestar, felicidad, bendiciones de diferente tipo. Este sentido oriental de la palabra-realidad es retomado y enriquecido por el poeta/profeta conocido como segundo Isaías, desde una situación de carencia, opresión y sufrimiento. Leemos en Isaías 52, 7:
            Que hermosos son sombre los  montes
            los pies del mensajero
que anuncia la paz
que trae buenas noticias
que anuncia salvación,
dice a Sión:
Llega el reinado de tu Dios.

Este texto se escribe en medio de una situación de dolor y desconcierto. El profeta anima a la comunidad en años de destierro y desesperanza. Los horizontes están nublados. Igualmente nos encontramos ante una totalidad que abarca toda la vida y se extiende en horizonte y en profundidad. El pueblo vive en el exilio y sueña con un regreso a su tierra que lo compensará por los despojos padecidos. El mensajero de la Divinidad anuncia una nueva etapa de la vida que es presidida por la paz. Pero el poema entreteje abiertamente varias significaciones: Paz → Buena Noticia → Salvación → Reinado de Dios. El texto nos plantea una  experiencia de la totalidad: para los israelitas el reinado, tiempo u orden de Dios, era la máxima justicia, bienestar y felicidad a la que como pueblo se podía aspirar. Se trataba de un orden nuevo, diferente, en el que la alegría volvería a instaurarse en los corredores de Jerusalén.

La situación que viven los desterrados es dura, su corazón se nubla y la desesperanza los habita. Por ello mismo el poeta se esfuerza para que su palabra esté llena de sentidos y se proyecte en varias direcciones que abarquen la vida individual y colectiva. Si nos detenemos en el contexto inmediato del anuncio, constatamos que Isaías dedica algunos párrafos (51, 17-20 / 52, 3-6) a hacer conciencia entre sus oyentes de lo dura que ha sido la situación y el sufrimiento que como pueblo han padecido. Enraíza entonces en esos padecimientos la promesa presente de un tiempo y un paisaje distinto. Un paisaje dominado por la paz de Yhwh que es la felicidad, el júbilo y la plenitud. Antes de que llegue el mensajero de la buena noticia, Jerusalén es invitada a despertarse, a vestirse de gala y a vivenciar su condición de ciudad santa. Porque la liberación que le llega, no sólo construye sino que restaura. La paz que anuncia y trae el mensajero, rescata el presente, el pasado y el futuro.

La condición anunciada se convierte con el paso de los siglos, en expectativa mesiánica que acompañará y poblará los sueños de los justos en Israel a lo largo de varios siglos. Es precisamente esa expectativa la que Jesús recogerá para proponer su cumplimiento en varios sentidos.


PROPUESTA DE JESÚS DE NAZARET

Bienaventurados los pacificadores,
porque serán reconocidos como hijos de Dios

Hay consenso ya tradicional entre los biblistas y en general entre los discípulos y discípulas del maestro galileo, considerar las bienaventuranzas como un mensaje fundamental y piedra angular de su evangelio. Las bendiciones que Jesús anuncia, son un género (el macarismo), conocido en el mundo antiguo tanto griego como hebreo: se reconocen o se anuncian bendiciones ligadas al bienestar, a la felicidad o a la prosperidad. Se trata siempre de una bendición de la Divinidad. Lo que ocurre en el caso del conocido como Sermón del monte,  es que los valores que generan esa felicidad, ese bienestar y esa bendición se trastocan y hablamos entonces de una autentica contracultura. Igualmente se reconoce la solemnidad del momento: el maestro ante el pueblo entero y rodeado en la proximidad por sus seguidores y seguidoras más estables, toma la palabra y manifiesta su proclama que es al mismo tiempo una llamada a otro tipo de vida:
La subida de Jesús al monte (movimiento de alejamiento)  manifiesta que la relación entre el gentío y Jesús no es recíproca y que el seguimiento multitudinario no crea un vínculo permanente con él. Como además la muchedumbre, según se ha visto, representa, por su lugar de procedencia al pueblo de Israel, el gesto de Jesús indica que, para ser de los suyos, no basta la pertenencia a Israel, ni tampoco la mera adhesión a su persona. (Camacho 1976, Pág. 36)
La manera de crear ese vínculo con él, es asumiendo su contrapropuesta que es la que va a distinguir a sus discípulos y discípulas. A lo largo de dos o tres capítulos del evangelio de Mateo, el maestro da detalles de lo que sería una vida inspirada en su pensamiento y trastoca los valores vigentes en su realidad más inmediata.

Es en este contexto que el profeta de Nazaret pronuncia su bienaventuranza de la paz, de la cual la traducción más certera en español es: Bienaventurados los pacificadores (o los que trabajan por la paz). Porque ellos serán llamados hijos de Dios. Quiero en primer lugar hacer énfasis en que se trata de una praxis, es decir una acción, un verbo… Cuando el verbo se adjetiva su sentido merma potencia. No se trata de los pacíficos, sino de los pacificadores, no se trata de una “virtud”, sino de una acción, un trabajo… Es decir hablamos de una actividad de intervención para lograr LA PAZ… Y ya hemos visto en alguna medida, la amplitud de lo que esto significa para el pueblo judío… Veamos de nuevo qué nos dice Camacho:
Por tanto no se designa una cualidad de la persona: su carácter o disposiciones pacíficas, sino una actividad de la misma: su acción pacificadora. Esta acción presupone en el sujeto que la realiza su carácter pacífico, de ahí que lo que se denote sea la actividad en favor de la paz, aunque connotando las disposiciones pacíficas de las que nace dicha actividad. El sujeto del macarismo designa, pues, individuos que trabajan por establecer la paz, es decir por crear las condiciones necesarias para que exista paz entre los hombres y en consecuencia por quitar los obstáculos que la impiden. (Obra citada, Pág. 148)
El reconocimiento de hijos de Dios,  nos habla una vez más de la máxima aspiración posible para el creyente: Dios mismo cuidará de ellos/as y les dará su bendición, serán sus hijos.

Pero, veamos un poco más de qué paz estamos hablando, primeramente en el terreno de Jesús, para luego detenernos en el hoy… Las intuiciones de María Dolores Alexaindre nos pueden ayudar a dibujar el panorama:
La paz no es un don que disfrutar en nuestro interior o en los reducidos grupos en los que nos sentimos afines. La paz es una realidad social que construir entre todos  porque somos hijos de Dios y para llegar a ser hijos de Dios. Y esa construcción comienza por el corazón de cada uno porque en el corazón se genera la violencia… Pasa por nuestra mente que tiende a absolutizar su propia visión de las cosas… Pasa también por nuestros sentimientos y siembra en ellos la ternura, la concordia, la compasión, la misericordia…
También con la naturaleza tenemos que reconciliarnos para que reine la paz sobre la tierra. Y para eso es indispensable abandonar la actitud de dominio y de explotación con que nos relacionamos con ella y aprender de nuevo a mirarla con ojos contemplativos que saben descubrir su belleza, comulgar con sus energías y desarrollar sus posibilidades. (Aleixandre 2004, Págs. 91-92)

Si entendemos estas palabras: hacer la paz… en la tradición semita y en el contexto inmediato en que fueron pronunciadas, vamos a comprender que se trata de una tarea de envergadura, un sentido de totalidad y no podemos conformarnos en nuestro camino espiritual con conseguir algunas actitudes internas de humildad, sumisión o evitar los conflictos interpersonales… es una praxis sociopolítica, espiritual y holística que abarca todos los campos de nuestra vida personal y colectiva, hasta dónde seamos capaces de llegar. Construir la paz en este sentido es un compromiso ético, pero va más allá porque es una aspiración, un deseo espiritual que nace de la certeza de acercarnos a la Divinidad por este camino.

En este programa Jesús invita a quienes deseen ser sus amigos a construir una vida alternativa que genere relaciones justas, de solidaridad con el mundo de los despojados, de justicia y felicidad. Y una de las tareas que atraviesa esa vida alternativa es la construcción permanente de una paz, en el sentido amplio y totalizante, que nos colme de bendiciones. No se trata de algo opcional, se trata de la condición para ser reconocidos como hijos de Dios:
La paz evangélica es la irrupción misma de Dios que rompe las barreras y transforma nuestros desiertos, libera a los cautivos, colma de bienes a los hambrientos, rehace la justicia y la figura del hombre, ofrece su alianza, crea en el mundo un orden nuevo y lo pone bajo el signo de sí mismo como porvenir absoluto.
La paz mesiánica se llama con toda realidad revolución. Cambiar el mundo significa hacer un mundo nuevo… (Lambert 1987, Pág 186)


LA BIENAVENTURANZA DE LA PAZ EN EL AQUÍ Y EN EL AHORA

Como hemos visto a lo largo de la exposición, hablar ahora de la paz, en perspectiva evangélica, no es ni mucho menos hablar de una firma, una coyuntura precisa, un enfrentamiento de métodos o caminos distintos… es mucho más, tiene que ser mucho más. Si miramos a nuestro alrededor: a Colombia, a América Latina y al mundo, descubrimos inmensas realidades y actitudes que no sólo dañan, sino que impiden realmente la paz. Nuestra realidad actual es una realidad inequitativa e injusta, tremendamente deshonesta y corrupta, que se rige por valores de individualismo y egocentrismo que lo único por lo que se preocupan es por su propio bienestar aunque este pase por la negación del otro/otra. Esto no niega que haya hombres y mujeres “alternativos”, pero como conjunto estamos muy lejos de la paz mesiánica.

Escribo a fines de 2016 y en medio de una coyuntura compleja: En Colombia los acuerdos con las FARCs que pondrían un relativo final a casi 60 años de enfrentamientos armados, se encuentran en una especie de impase; en Estados Unidos ha ganado la presidencia un candidato que se caracterizó durante toda su campaña por actitudes y amenazas violentas y guerreristas y no sabemos su alianza con la actual Unión Soviética que puede traer; en el oriente medio el Estado Islámico pretende acabar con todo aquel que no comparta su fundamentalismo… En medio de estos caos y en un tiempo que se define en Colombia como de un cierto post… se hace imprescindible contribuir a la creación de valores, actitudes y sentimientos de PAZ, entendida en un sentido muy amplio y abierto.

Un término como cultura de paz, utilizado por varios pacifistas puede ayudar a comprender lo que quiero decir en esta propuesta. El término cultura de paz, se empieza a utilizar a partir de 1989 cuando se adopta en la reunión sobre el tema, realizada por la UNESCO, en Costa de Marfil. La declaración final exhorta a construir una cultura de paz, basada en los valores universales de respeto a la vida, libertad, justicia, solidaridad, tolerancia, igualdad entre hombres y mujeres…

La tarea es construir los cauces de una nueva civilización, aunque no podemos dejar esto en el terreno de lo utópico, impensable, inalcanzable. Por el contrario es necesario dar pasos hacia ello. Uno de los caminos es el de propiciar y lograr el desarme cultural, término acuñado por Raimon Panikkar en estos términos:
Por desarme cultural entiendo el abandono de las trincheras en las que se ha parapetado la cultura <moderna> de origen occidental, considerando valores adquiridos y no negociables, como el progreso, la tecnología, la ciencia, la democracia, el mercado económico mundial, amén de las organizaciones estatales. Se comprende entonces que la expresión no esté fuera de lugar. El desarme le hace a uno vulnerable y debe realizarse paulatinamente, pero es una condición para poder establecer un diálogo en igualdad de condiciones con todas las culturas de la tierra…
Por desarme cultural intento aludir a un cambio radical del mito predominante de la humanidad contemporánea, de aquella parte de la humanidad más vociferante, influyente, rica y que rige los destinos de la política… (Panikar 1963, Pág. 61)

El reto que tenemos es lograr en cada uno de nuestros países una ética de la convivencia, de la acogida y de la tolerancia. Una ética del amor y de la no violencia. Sólo esta realidad puede aclimatar sociedades en paz, en medio de un mundo que se organiza totalmente de espaldas a esta bienaventuranza. Un imperativo es preguntarnos cuáles serían esos mínimos éticos en los cuales podemos movernos:
Paz significa solidaridad, trabajar juntos, convivir para llevar a cabo una tarea común que haga posible la vida de los pueblos. Gracias a la paz se dilatan todas las potencialidades posibles en la vida humana. En parte la palabra hebrea Schalom significa esta experiencia… ausencia de guerras, tranquilidad social del pueblo, armonía de toda la realidad basada en las relaciones del hombre con Dios, con el pueblo y consigo mismo. Esta armonía depende entonces del don divino que es la paz y que se resume en la estabilidad y disfrute de la vida en la salud, el honor, la madurez personal y familiar, la justicia y la bondad de las relaciones sociales… (Martínez 2002, Pág. 290)


Uno de los caminos que propongo, para acercarnos paso a paso a la renovación del tejido social en esta dirección de la paz, es el que podríamos denominar en un sentido amplio, pactos. Pactos de convivencia que nos lleven a maneras diferentes de ser y estar en el mundo. Pactos sociales que se vayan ampliando desde pequeños círculos hasta dinámicas barriales cada vez más amplias. En la tradición bíblica encontramos algunas dinámicas que pueden apoyarnos en estas búsquedas. Propongo releer el libro de RUT,  en la perspectiva de los pactos de paz. Rut es una mujer moabita, es decir extranjera con respecto a Nohemí que es israelita, estas dos mujeres son suegra y nuera, lo que tradicionalmente no es el mayor ejemplo de colaboración y mutuo aprecio. Sin embargo, saltando esas barreras sellan entre ellas un pacto de fidelidad y apoyo  mutuo que les va a significar bienestar y posibilidades para la vida, es decir paz. El texto nos dice que en el “tiempo en que gobernaban los jueces” sucedió esta historia. Sabemos que este tiempo no fue entre las tribus israelitas un tiempo de estabilidad y paz… y es en medio de este contexto difícil que ellas sellan su pacto.

Las palabras de la joven a la mujer mayor, son un ejemplo de solidaridad incondicional:
No me instes a que te deje, volviéndome de seguirte, pues donde tu vayas iré y donde tú mores moraré; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios. Donde tú mueras moriré yo y allí seré enterrada (Rut, 1, 16…).
Esta promesa hecha en condiciones duras para una mujer mayor, viuda y desamparada se convierte en la base firme y permanente de un pacto de apoyo mutuo que abre las puertas a nuevas posibilidades para la vida y el mañana.

Estas mismas posibilidades son las que propician un ambiente de paz y son las que las mujeres en una dinámica clara de desarrollo político podemos hacer. Como lo plantea Marcela Lagarde:
La sororidad es una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo. Es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y a la alianza  existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y el empoderamiento vital de cada mujer.
No se trata de que nos amemos, podemos hacerlo. No se trata de concordar embelesadas por una fe, ni de coincidir en concepciones del mundo cerradas y obligatorias. Se trata de acordar de manera limitada y puntual algunas cosas con cada vez más mujeres. Sumar y crear vínculos. Asumir que cada una es un eslabón de encuentro con muchas otras y así sin fin. Al pactar el encuentro político activo tejemos redes inmensas que conforman un gran manto que ya cubre la tierra… (Lagarde 2014, Pág. 409)

Lo que me parece importante es: lograr un tejido social que desde la periferia hacia el centro, pasando por distintas organizaciones, iglesias y grupos vaya generando relaciones armónicas y equitativas que alberguen la paz por conseguir. Organizaciones que se proyecten de distintas formas a las ciudadanas y ciudadanos en general. La única vía para lograr esta cultura de la paz, es desde la proxemia, desde los barrios, desde la comunidad y los círculos que vayan transformando la costumbre de relacionarnos de una manera egotista hacia una manera solidaria. Que lime o acabe con odios, resentimientos, desconfianzas y construya relaciones de aceptación, acogida y hermandad.


BIBLIOGRAFÍA

Dolores Aleixandre: DICHOSOS VOSOTROS…
Editorial CCS, Madrid 2004 – Págs. 91-92

William Barclay: LAS BIENAVENTURANZAS. Comentario.
Ediciones La Aurora, Buenos Aires 1976

Fernando Camacho: LA PROCLAMA DEL REINO.
Ediciones Cristiandad, Madrid 1986

Marcela Lagarde y de los Ríos: EL FEMINISMO EN MI VIDA, Hitos, claves y topías. Cuadernos Inacabados, Editorial horas y HORAS, Madrid 2014

Bernard Lambert: LAS BIENAVENTURANZAS Y LA CULTURA HOY.  
Ediciones Sígueme, Salamanca 1987

Francisco Martínez Fresneda: La paz actitudes y creencias.
Editorial Espigas, Murcia 2002

Raimon Panikkar: Paz y desarme cultural.
Ed. Sal Terrae, Bilbao 1993

Carlos Mario Perea: Vislumbrar la paz. Violencia, poder y tejido social en ciudades latinoamericanas.
Edición de DEBATE y Universidad Nacional, Bogotá 2016 -  Pág. 237


jueves, 4 de julio de 2019

MARÍA, LA DE MAGDALA



Carmiña Navia Velasco.
Libro, Geografías. 


a las amigas 
con quienes camino
por estas rutas.

El amor irrumpió por tus desvelos
Atravesó tu carne
                tus entrañas
                tu ruta
amor pasión,
dardo que roturó tu corazón doliente
dardo que iluminó tu corazón amante.
fuiste amiga en sus lunas y en sus soles
fuiste apoyo
fuiste el hombro que acogió su cansancio
la mano que recogió sus soledades.

María la de Magdala
calumniada,  
olvidad,
fuiste gestora de una ruta nueva
de un camino
que alumbra otras mañanas.
Tu abrazo en el jardín
Se instauró
en la memoria por los siglos.



lunes, 25 de febrero de 2019

LA ALBA ESTELA QUE YO CONOCÍ


 Carmiña Navia Velasco

La conocí cuando estaba en la mitad de su vida, después de haberse retirado de su comunidad y haber decidido venir a vivir a Cali, en 1986, a compartir su vida con los más pobres y excluidos. Su búsqueda la llevó a una primera decisión de dejar los hábitos, pero no la Familia Franciscana,  a la que siempre perteneció y de la que siempre se sintió orgullosa. Por intermedio suyo y de otra amiga, me acerqué a la figura de Clara de Asís, la conocí y me hice consciente de su valor. Leyendo juntas en círculo a Clara de Asís, asumimos como nuestro horizonte, la construcción de la sororidad.

Más allá de sus actividades públicas que Cali conoce y los habitantes del Distrito de Aguablanca agradecen, Alba Estela fue siempre, hasta sus últimos suspiros una buscadora espiritual. Su ser jamás estuvo saciado en los avatares sociopolíticos y en sus quehaceres diarios en favor de las mujeres y de los jóvenes que la rodearon… El oratorio de su pequeña casa en Aguablanca así lo testimonia, igualmente el trato de Hermana, que ella prefería.

Desde muy joven en su natal Bucaramanga fue tocada por el hálito del Misterio Sagrado y eso la llevó a entrar, casi adolescente, a la Congregación de las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada. Hizo los votos sin haber siquiera sacado su bachillerato que obtuvo posteriormente en el Colegio Maridíaz  de su  misma Congregación en Pasto. Se entregó, desde la espiritualidad franciscana, a la educación de las jóvenes y muy pronto fue nombrada rectora del Colegio Alvernia en Bogotá.

La renovación conciliar la llevó a estudiar Pedagogía y a encarnar en su vida la opción por los pobres impulsada en nuestros países por la Conferencia Episcopal Latinoamericana en su Asamblea de Medellín. Posteriormente se vincularía con las Comunidades Eclesiales de Base, desde los presupuestos de la Teología de la Liberación.

Ya en Cali se comprometió a fondo con el destino de las mujeres y los jóvenes de Marroquín y del Distrito de Aguablanca en general. En medio de estos avatares nos conocimos, cuando por iniciativa del Padre Luis Patiño, y acompañadas por Rocío Laverde, fundamos, con algunas otras compañeras, la Comisión Mujer - Iglesia de la Conferencia de Religiosos de Cali. Eso fue por allá a mediados de los años noventa, desde entonces caminamos y buscamos juntas en nuestro círculo que dejó de llamarse Comisión Mujer-Iglesia y pasó a llamarse Círculo de Espiritualidad María de Magdala.

Alba Estela nunca cesó en su búsqueda religiosa y espiritual. Fue además siempre una mujer rebelde. Luchó de muchas formas para denunciar y tratar de cambiar el rol secundario que la iglesia católica asigna a la mujer en su organización. En la Parroquia o fuera de ella, en su fundación, Asociación Semilla de Mostaza, en La casita de la vida…en cualquier espacio o plataforma, siempre reivindicó para la mujer un pie de igualdad que la institución eclesial negó y continúa negando.

De la misma manera que siempre transitó nuevos caminos para mejorar la situación económica de sus compañeros de barrio (Huertas caseras, casas de acogida, banco de los pobres, propuestas de Desmond Tutú…reubicación para los desplazados y los habitantes de la ribera del Cauca…), horadó también en el mundo de los místicos y maestras espirituales para alimentar nuevos caminos a la Divinidad. Me encargaba libros, no de teorías, sino de meditación, silencio interior, luces e intuiciones en la senda de la apertura hacia la trascendencia.

Apasionada permanente de la figura de Jesús de Nazaret, convirtió su palabra y su propuesta en el verdadero norte de sus días. Apasionada igualmente de Francisco y de Clara de Asís, se sintió siempre una auténtica franciscana, la identidad que más la definió. Los últimos años de su vida profundizó, guiada por algunos maestros, en la religión de Jesús, este fue el lema que orientó sus lecturas diarias.

Desde esta orilla, menos misteriosa y más ambigua que en la que ahora estás, te despedimos con todo el amor de nuestro corazón. Te damos gracias por tu arrojo, generosidad y enseñanza. Te abrazamos más allá de la cama en la que pasaste tus últimos días. Que tu viaje sea un abrazo con la Energía Divina, querida Hermana. Sigue acompañándonos con tu luz.


En memoria de Alba Estela Barreto Caro.
Desde el círculo María de Magdala
Cali, Febrero de 2019


lunes, 26 de marzo de 2018





REIVINDICACIÓN DE MARÍA DE MAGDALA
Carmiña Navia Velasco

Pocas figuras en la historia han sido tan calumniadas y vapuleadas como María Magdalena, primera testigo del fenómeno de la resurrección de Jesús de Nazaret. Los evangelios canónicos y extra-canónicos nos dan algunos elementos para reconstruir aspectos de su perfil y en ellos no encontramos ninguna pista que la permita catalogar como una “prostituta arrepentida”. Sin embargo a partir de que el Papa Gregorio el grande, en el año 591 (es decir cuatrocientos cincuenta años después de los hechos), la identificó con  una prostituta anónima que aparece en el evangelio de Lucas, esta líder del cristianismo primitivo ha sido representada miles y miles de veces en el arte (pintura, narrativa y poesía) y en las homilías cristianas como una prostituta que dejó su oficio para seguir a Jesús. Se trata de un caso claro de “memoria e identidad robadas”. La iglesia católica aclaró a principios del siglo XX que era una confusión su identificación como prostituta y en 1969, Pablo VI, le retiró el apelativo de penitente, a pesar de ello, los curas siguieron predicándola como tal.

En los últimos años la investigación ha realizado un gran esfuerzo para re-situar este personaje en el justo lugar que le corresponde en la historia. Cito una mínima parte de estos esfuerzos (escojo los realizados o traducidos al español): Carmen Bernabé, María Magdalena: Tradiciones en el cristianismo primitivo; Jane Schaberg, La resurrección de María Magdalena; Ramón K. Jusino, María Magdalena: ¿Autora del Cuarto Evangelio?  Igualmente fue un gran paso la recuperación del Evangelio de María, del cual se han ido recuperando trazos a  los largo de estos decenios y cuya recuperación nos deja ver claramente a una maestra espiritual. Estos esfuerzos son, entre otros, los que recogen los realizadores de la reciente película: María Magdalena con guión de: Helen Edmunson y Philippa Goslett y bajo la extraordinaria dirección del australiano: Garth Davis.

Se trata de una cinta de extraordinaria belleza con un manejo original y de alta calidad estética de las cámaras. Los escenarios de la filmación bellamente escogidos y el vestuario y actuación, logran recrear el mundo bíblico sin sentimentalismos ni estridencias.  Figuras sobrias pero profundamente humanas las de Jesús de Nazaret y María de Magdala, los otros apóstoles -salvo Pedro y Judas- se desdibujan un poco. María sigue a Jesús y hace parte del grupo que siguiéndolo bautiza y bendice en su nombre. Lo hace desde un amor-pasión contenido y sublimado y desde una profunda convicción de que su  mensaje nos “salva”, nos libera… no de ningún “pecado original”, sino de nuestra condición existencial tan vulnerable.

Pero uno de los aspectos más significativos de la película, es que aleja de María de Magdala cualquier sombra de prostitución, violación o vejación sexual. María, hija de una familia patriarcal, se niega a casarse y tener hijos… esto basta para que su clan la califique de endemoniada. En estas circunstancias llega hasta ella Jesús y la bendice logrando que en su corazón reine la paz. Ella lo deja todo y lo sigue uniéndose al grupo. María pasa de ser una joven, hija de familia, controlada por los varones, a ser una mujer autónoma que orienta su vida en el servicio a los sufrientes y en el anuncio del Reino predicado por su maestro, reino que ella siempre supo no era una reino de espadas y poder.

A pesar de que la película es tajantemente clara en este aspecto, hoy mismo: 25 de Marzo (Domingo de Ramos), algunos críticos continúan hablado de la prostituta, aún para referirse a la película (en la que no hay prostitutas). Ejemplo de ello: la presentación que hace Quim Casas  en El Periódico de Cataluña (https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20180325/cine-biblico-siglo-xxi-pablo-apostol-cristo-maria-magdalena-6709685), de la película en cuestión.

Un hecho que queda muy bien delineado es la realidad del puerto de Magdala y su dedicación a las salinas. Del nombre de este puerto viene el apelativo de María: Magdalena… Aquí tenemos otra de las distorsiones históricas: Magdalena  se ha convertido en sinónimo de llorar (a causa del arrepentimiento), distorsión que se sigue repitiendo con ecos hasta el infinito.

La relectura que hacen las guionistas y el director de la predicación evangélica, resulta también muy interesante para el mundo de hoy: Esas palabras de Jesús están inscritas en nuestra sociedad postmoderna tan individualista y dominada por el dinero tantas veces. Teológicamente la película se corresponde con lecturas espirituales vigentes en el ámbito cristiano actual.

De los hechos en cuestión: La predicación de Jesús de Galilea, su camino a Jerusalén y su condena, su relación con María Magdalena,  se han realizado en el transcurso de estos veinte siglos… cientos de miles de lecturas, interpretaciones, aseveraciones, disputas… alguna reconocidas como “ortodoxas”, otras -las más- calificadas de heterodoxas, paganas o directamente heréticas… Se trata de un núcleo semántico que en Occidente va más allá de cualquier práctica religiosa o creyente. En ese bosque denso de representaciones, el filme del que hablamos resulta contundente: riguroso y austero, bello y emocionante, cálido y sugerente. La actriz norteamericana Roney Mara consigue un estrellato merecido con su gran actuación.

Mi invitación es a ver la película, discutirla y comentarla, y sobre todo: difundirla.


Cali, 25 de Marzo de 2018







sábado, 6 de agosto de 2016


LA IMAGEN DE MARÍA DE MAGDALA O LA FASCINACIÓN MASCULINA POR LA PROSTITUCIÓN 
Como tantas otras veces en la Historia, la figura de María de Magdala vuelve a estar en el centro de miradas e intereses. El Papa Francisco ha decretado que su fiesta tendrá la misma solemnidad y lugar que las fiestas de los apóstoles masculinos; además en el ámbito católico acaba de publicarse con mucha publicidad una novela de la que es protagonista: No sé cómo amarte,  de Pedro Miguel Lamet. Pocas figuras a lo largo de los siglos han dado lugar a tanta especulación, como la de esta mujer alrededor de la cual se han derramado quintales de tinta y toneladas de pintura.

En este momento hay consenso entre los estudiosos de la Biblia y teólogos en el sentido de que los datos objetivos que tenemos sobre ella permiten afirmar que no se trataba de una prostituta. Está rastreada la confusión que dio origen a esta falsedad histórica. Desde el pontificado de Pablo VI se ha pedido a los creyentes católicos no confundir la memoria de esta seguidora y apóstol de Jesús con la de una mujer pecadora que unge sus pies. Sin embargo una novela como la de Lamet, de alta calidad literaria, sigue reforzando la falsa idea de alguien rescatado por Jesús de Nazaret del mundo de la prostitución y del pecado.

Está claro que los evangelios canónicos jamás se refieren a ella como una “pecadora arrepentida”, la presentan por el contrario como una seguidora de Jesús y primera testigo de su resurrección. Igualmente los evangelios considerados apócrifos -testimonios socio históricos de gran valor- la presentan como una líder de significativa importancia en el cristianismo naciente. No se puede encontrar una sola línea que nos hable de un pasado de pecado, la referencia a los siete demonios que de ella expulsa Jesús, muchas veces ya se ha explicado una alusión a problemas de salud, a problemas tal vez síquicos y el número siete como una afirmación de curación total. (Quien esté interesado puede consultar cualquiera de las obras que sobre este tema ha escrito, Carmen Bernabé, biblista española y quien es una autoridad en la investigación sobre María de Magdala).

Pero el desconcierto por la sexualidad femenina y la morbosidad, dio lugar a que pintores y pintoras, poetas, narradores, ensayistas y predicadores de toda laya acomodaran su imaginación a sus deseos reprimidos: la gran prostituta, la prostituta de la historia… la prostituta sagrada… y la bola creció hasta hacerse imparable. Recientemente y a partir de obras como El Código da Vinci, otra interpretación empieza también a “fascinar”: La Magdalena, la amante de Jesús de Nazaret y/o su esposa… en cualquier caso la madre de su dinastía… Este fuerte atractivo ha dado lugar a obras de calidad estética muy importante, pero ha producido también muchos relatos y pseudo-novelas de muy baja calidad.

Y sin embargo, la imaginación novelística puede ir hacia otros lados, como lo demuestran algunas de las novelas que giran alrededor de esta figura. Quiero referirme específicamente a dos, estupendas novelas, ambas de autoría femenina.

La primera de ellas, de la escritora alemana, Luise Rinser: Miryam de Magdala, publicada en Fráncfort en 1983 y traducida al español por Espasa Calpe en 1987. La novela se arraiga en una rigurosa reconstrucción histórica del ambiente galileo del siglo I de esta era. Miryam de Magdala después de la ejecución de su  maestro nos narra sus recuerdos. Tenemos acceso a una joven rebelde e independiente, desde muy niña deseosa de estudiar, de conocer la Torá y en ningún momento dispuesta a dejarse “vender” por su padre en un matrimonio beneficioso económicamente para la familia.  Desde esa autonomía que defiende se hace seguidora del Maestro de Nazaret. Por los caminos su amor por él se hace cada día mayor y viene el enamoramiento: Un amor que la mantiene en el grupo como una referencia especial.

La autora profundiza en la personalidad de Miryam, una personalidad profunda y compleja. Nos muestra su evolución interior, sus vacilaciones, sus rebeldías, finalmente su fidelidad. Igualmente asistimos a la dinámica grupal que se gesta entre los discípulos: sus cercanías y tensiones. Se trata, como ya decía, de una magnifica reconstrucción histórica y una aguda mirada sicológica. Una invitación a adentrarnos desde otros parámetros a esta figura inquietante de la historia, del arte y la literatura.

En este mismo sentido podemos hablar de otra novela de reconstrucción histórica: María Magdalena,  de la escritora e historiadora norteamericana, Margarte George, publicada en el 2002 con el nombre de: María, llamada Magdalena y traducida al español en el 2003, simplemente como María Magdalena. Otra novela reconocida de su autora, es: Memorias de Cleopatra. Se trata de un muy buen texto, en el que la imagen de esta mujer se construye otra vez desde un punto de partida diferente. María, la mujer de Magdala está felizmente casada con un hombre prestante y tiene un hijo. Al conocer al profeta galileo queda irremediablemente prendada, lo sigue como discípula y servidora. Para hacerlo, abandona su hogar, su  marido y su hijo, lo cual le granjea la mala fama de mujer de dudosa reputación en su pueblo natal.

Se trata de nuevo de una mujer de criterio, independiente, que se rebela con los condicionamientos de su época que la recluyen en el fondo de un hogar que la silencia y aísla, para convertirse en alguien autónomo que sigue su propia vocación. Su deseo de conocer y profundizar espiritual e intelectualmente, la lleva por sendas diferentes en un periplo rico y original y la sitúa en la élite de las mujeres en su época. La novela nos muestra ese periplo que culmina en el círculo más cercano e íntimo de Jesús de Nazaret.

Como ya lo decía, es muy distinto el caso de la novela de Lamet que en los albores del siglo XXI, despierta de nuevo el imaginario de la “prostituta arrepentida”. Indiscutiblemente la novela tiene aciertos: su conseguido tono poético, la pintura de un paisaje real de explotación sexual de la mujer, la construcción misma del personaje. Pero desde mi punto de vista todo esto se invalida porque el autor queda preso de nuevo de esa inquietud masculina por las oscuridades y ambivalencias del sexo femenino. En su “explicación” Pedro Miguel Lamet dijo no querer renunciar a que su protagonista hubiera tenido una infancia atormentada… Más allá de los imaginarios de la prostitución hay múltiples maneras de imaginar la infancia desgraciada de una mujer joven y bonita. En la novela de George por ejemplo, esos “tormentos” tienen que ver con sus infidelidades al Dios hebreo y su fascinación por la Diosa…

En fin, que aunque el estudio bíblico nos muestre algunas evidencias, los imaginarios tardarán siglos en cambiarse.

Carmiña Navia Velasco
Círculo Espiritual María de Magdala 
Cali Agosto de 2016


sábado, 1 de noviembre de 2014



¡PRIMAVERA ECLESIAL YA!




Pedimos lo justo, soñamos lo imposible 

Venimos de un largo caminar latinoamericano y caribeño, somos parte de un proceso de ricas experiencias eclesiales: traemos la herencia, la sabiduría de la caminata bíblica, de las Comunidades Eclesiales de Base, del compromiso socio-eclesial ecuménico y comunidades alternativas.

Nos ha convocado el sueño posible de la primavera eclesial nacida del espíritu reformador del Concilio Vaticano II y sobreviviente de un largo invierno eclesial. Nos sigue convocando las justas exigencias de una iglesia de los pobres que camine por los derroteros de: el sacerdocio femenino, el celibato sacerdotal opcional, la transformación del Estado Vaticano en red internacional de justicia, paz e integridad de la creación, la democratización laical a partir de asambleas eclesiales con protagonismo de mujeres y jóvenes y la transformación del Banco Vaticano (IOR) en banca social de los pobres para luchar contra la pobreza en el mundo[1]; como puntos de partida para una renovación eclesial profunda y duradera.

Para alimentar este sueño compartido por muchas y muchos nos congregamos, los pasados días 28 al 30 de agosto en el Departamento Ecuménico de Investigaciones (San José, Costa Rica), teólogas y teólogos de diversas latitudes de nuestra América. A la luz de la memoria de nuestros mártires, hemos continuado orando, compartiendo el pan y reflexionando arduamente sobre la realidad que viven nuestros pueblos y los retos que representa para nuestras comunidades de fe. Confirmamos nuestros compromisos y hemos comprendidos que no será posible nuestra utopía si no unimos las manos y los corazones de tantos y tantas que también construyen el mismo sueño, en innumerables lugares que, como pequeñas luces, iluminan el caminar de los pueblos y con los pueblos.
Por ello al finalizar nuestro Encuentro de experiencias de primavera eclesial, dirigimos nuestra palabra a cada uno y a cada una:

Ø A toda persona constructora de un mundo donde quepan otros mundos.
Ø A toda persona constructora de experiencias eclesiales, liberadoras, de base, marginales y alternativas.
Ø A todas las personas y comunidades que en los últimos 40 años han trabajado más allá de los márgenes institucionales eclesiales excluyentes.
Ø A toda persona luchadora y defensora de los derechos humanos, la dignidad y la justicia.
Ø A toda persona expectante y perpleja del momento actual de la Iglesia Católica.

Denunciamos que por nuestros compromisos, hemos experimentado el cierta represión de algunas instituciones eclesiales y que, desde nuestras opciones, vivimos la soledad, en un tiempo impreciso, de búsquedas, de preguntas, de incertidumbres, donde los lugares liberadores que encontramos para vivir nuestras convicciones fueron y siguen siendo la calle, los bordes, los límites de la iglesia y la sociedad.

Anunciamos que en estos lugares hemos encontrado pueblos indígenas agraviados, mujeres violentadas y humilladas sistemáticamente en la sociedad y las iglesias, campesinos y afrodescendientes marginados y explotados, millones de niñas y niños que padecen hambre o migran solos por necesidad o supervivencia, jóvenes sin alternativas y expuestos a la violencia criminal y estructural, personas con capacidades diferenciadas; lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, intersexo (LGBTI) que sufren discriminaciE oclamar queva a decirl papel de las mujeres tan fundamental como invisibilizado en nuestras comunidades eclesialesón, comunidades enteras desplazadas, migrantes y refugiados en situación de extrema vulnerabilidad, toxicodependientes, gente en situación de calle… y muchos rostros más que viven en la exclusión. Con ellas y ellos construimos nuevos tejidos, aprendimos y aprendemos nuevas formas de ser comunidad.

Esta nueva manera de sentirnos iglesia es y ha sido una experiencia en contracorriente, en contextos adversos, de persecución, de incomprensión, que nos alejó de formas eclesiales institucionales pero posibilitó caminar por otros senderos y construir identidades eclesiales más libres, creativas, esperanzadoras, resistentes, dialogantes, no-patriarcales y articuladas con actores sociales no-religiosos de forma más participativa, horizontal, justa.

También hizo posible asumir las banderas de lucha de diferentes actores sociales y en contextos diversos y plurales, para construir espiritualidades más encarnadas, humanas, no exclusivamente confesionales, ecuménicas y abiertas a diversas sensibilidades y subjetividades. Al grado de construir modelos, estilos, maneras eclesiales más sencillas y humildes, sin perder la perspectiva de los pobres, la profundidad compasiva, ni la crítica profética. Reivindicando el papel de las mujeres tan fundamental como invisibilizado en nuestras comunidades eclesiales. Apostando por lo pequeño sin perder la utopía, sin un nombre pero con muchos nombres, que nos lleva a proclamar que:

Ø  Mantenemos la esperanza al mirar que hemos entrado ya en un tiempo de primavera; aunque sabemos que el invierno eclesial y social no ha sido superado en su totalidad, sigue siendo un proceso, desafío y tarea común.
Ø  Tomamos conciencia del crimen organizado en los rostros del armamentismo, narcotráfico, trata y tráfico de personas, violencia criminal y de estado, represión y muerte a migrantes; consecuencia de un sistema neoliberal que por primera vez un papa, Francisco, ha condenado como la raíz de todos los males, como una economía de la exclusión y de la iniquidad, que mata y genera una dictadura sin rostros (EvangeliiGaudium, 52-75).
Ø  Denunciamos que ese modelo está dañando gravemente a la madre tierra y la hermana agua, nuestra Pachamama, agotando la vida que nos da por el abuso de sus ríos y lagos, bosques, selvas y montañas, destruyendo ecosistemas completos y poniendo en riesgo la sustentabilidad del planeta entero.
Ø  En tal contexto escribimos el Evangelio con alegría, afuera, en la calle y en la tierra.
Ø  Hemos encendido muchas luces en el tiempo de las tinieblas ahora es tiempo de encender luces en espacios todavía oscuros y confusos.
Ø  Hemos aprendido a vivir la fe a partir de preguntas y búsquedas más allá de dogmas y convicciones que dábamos por definitivas.
Ø  Lo que construimos sobre roca sobrevivió a las tormentas, y las “flores sin defensa” encontraron suelo firme donde volvieron a florecer.
Ø  La lectura popular de la biblia abrió caminos para escuchar a Dios en la nueva historia de la humanidad y de la madre tierra.

Hemos abierto muchas puertas pero urge abrir muchas más. Deseamos mantener viva la memoria de nuestras resistencias, las de nuestros pueblos que desde su fe se organizan en la calle, la periferia.
Para cuidarnos y fortalecernos convocamos a todas y todos a:

1.    Construir una agenda latinoamericana de la primavera eclesial que articule, describa, aproxime nuestros sueños, a partir de preguntas como: ¿por dónde caminaría? ¿cuáles serían esos nuevos derroteros de la utopía?
2.    Articular nuestras luchas, a través de la puesta en común de nuestros sueños, donde nos reconozcamos unos a otros, unas a otras y, siguiendo el símbolo del caracol zapatista, vayamos haciendo camino y siendo fuerza centrífuga que sale del corazón hacia la transformación del mundo. ¿Cómo podríamos lograr esto?
3.    Dar un primer paso sumando nuestras firmas a esta proclama donde hacemos manifiesto nuestro deseo de fortalecer una espiritualidad liberadora en todos los rincones de nuestro continente latinoamericano y caribeño, y del mundo entero.
Alimentamos una convicción profunda de que sumaremos muchos nombres, rostros, resistencias y colocamos para empezar las nuestras: 
11 de octubre de 2014,
52 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II,
inicio de la Primavera Eclesial


Firmantes:
1.    Silvia Regina de Lima Silva, Departamento Ecuménico de Investigaciones (San José, Costa Rica)
2.    Viki Falcón, Casa Cultural Tejiendo Sororidades (Cali, Colombia)
3.    Gabriela Juárez Palacios, Observatorio Eclesial (México, D.F.)
4.    Fernando Torres Millán, Kairós Educativo (Bogotá, Colombia)
5.    José Gpe. Sánchez Suárez, Observatorio Eclesial (México, D.F.)
6.    Armando Márquez Ochoa, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con América Latina - SICSAL
7.    Pablo Richard Guzmán, Departamento Ecuménico de Investigaciones (San José, Costa Rica
8.    Carmiña Navia Velasco, Casa Cultural Tejiendo Sororidades (Cali, Colombia)
9.    Sandra Nancy Mansilla, Comunidad Teológica Rajab (Buenos Aires, Argentina)
 
Correo para sumar firmas a la proclama y enviar propuestas para una agenda eclesial latinoamericana: primaveraeclesial@gmail.com








[1]Demandas expresadas públicamente en julio de 2013 y firmadas hasta ahora por medio millar de personas de todo el mundo.