sábado, 21 de noviembre de 2020

VIOLENCIA RELIGIOSA INSTITUCIONAL CONTRA LA MUJER

 


Conmemoramos en el mes de Noviembre y especialmente el día 25, la lucha de las mujeres contra las violencias ejercidas sobre ellas en la sociedad patriarcal, y la denuncia de estas prácticas que se mantienen y aumentan. Me quiero detener en una de las múltiples violencias que en las iglesias se desarrollan contra las mujeres: La violencia simbólica, especialmente la violencia contra el legítimo derecho de construir una memoria justa y digna. Aunque soy consciente de que esta forma de violencia atraviesa todas las instituciones eclesiales, detengo mi mirada en la iglesia católica por ser la tradición en la que me he formado y de la que tengo más datos.

El término violencia simbólica ha sido introducido y trabajado por Pierre Bourdieu y se refiere a:

…lo que llamo la violencia simbólica, violencia amortiguada, insensible e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento.

(Pierre Bourdieu: LA DOMINACIÓN MASCULINA, Ed. Anagrama, Barcelona 2000, pág. 12) 

Esta violencia muchas veces es desapercibida e invisible para sus mismas víctimas, porque es sutil y deformada. En las iglesias se han ejercido múltiples tipos de violencia contra las mujeres, baste pensar en los horrores de la inquisición y de la quema de brujas, masacre inverosímil e inaceptable por la cual ningún Papa ha pedido aún perdón. De estas violencias, no ha sido la menor, la ejercida en el universo de lo simbólico, por ejemplo, toda la realizada en los siglos XVII a mediados del XX, a través de la confesión. Ahora sólo me detendré en el atropello a la memoria femenina, llevada a cabo en la tradición eclesial.

Hay que tomar conciencia de la importancia de esta memoria manipulada, para el conjunto de las comunidades cristianas femeninas a lo largo de la historia:

Las memorias se pueden borrar, modificar o ampliar, y son susceptibles de tergiversar aquello que ocurrió. Al mismo tiempo, representan una herramienta de reconstrucción de los hechos del pasado a través de una mirada del presente.

De esta forma la memoria es un elemento cargado de subjetividad pero con gran capacidad simbólica: recupera aquello que no está presente de manera tangible en la historia pero que tiene un papel esencial en la configuración de identidades e ideologías.

(https://theconversation.com/por-que-es-necesaria-la-memoria-historica-105670)

 

EN LOS MISMOS ORÍGENES

Los ataques a la memoria femenina y los intentos de borrarla de las conciencias, se iniciaron muy pronto en el movimiento de Jesús de Nazaret. Pablo, que escribe sobre la década del 30 de esta era, dice en su primera carta a los Corintios:

Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras;  fue sepultado y  resucitó al tercer día, según las Escrituras; se apareció a Cefas y luego a los Doce;  después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo. (1 Corintios, 15, 3-8)

  

Esta transmisión de la experiencia de la resurrección, ignora completamente los relatos llamados de la tumba vacía y las experiencias que hay detrás de ellos. Hay que esperar hasta finales del siglo I, para que la literatura canónica (los Evangelios) recoja esta experiencia y palabra femenina que alcanza su momento cumbre en el relato de Juan 20, aparición a María Magdalena.

El caso de las mujeres testigos de la resurrección, es sólo uno entre el conjunto de los escritos canónicos, en los cuales es claro que las huellas femeninas tienden a ser minimizadas y ocultadas. En los relatos de “la tumba vacía” las mujeres tienen un sitio privilegiado y es claro que la tradición femenina logro mantenerlos e insertarlos en los evangelios. Pero no siempre fue así, el seguimiento femenino y el protagonismo de las mujeres está, en general oscurecido.

Después del intento paulino de minimizar la importancia de la relación femenina con el Resucitado… el caso más grave lo tenemos en la figura de María de Magdala. Esta mujer, pasa de ser: una apóstol, una compañera y benefactora de Jesús y su movimiento, a ser una prostituta arrepentida una lacrimosa penitente. Sin que una sólo línea de los escritos canónicos o extra-canónicos del segundo testamento lo puedan acreditar.

Ya tenemos suficientes estudios en varios idiomas sobre la figura de esta mujer, sobre sus orígenes, su práctica sus representaciones a lo largo de la historia del cristianismo. Yo recomiendo sobre todo, el reciente trabajo de Carmen Bernabé: Qué se sabe de… María Magdalena, trabajo serio y exhaustivo, muy bien documentado. (Editorial Verbo Divino - Navarra 2020). Sabemos que fue una líder de las primeras comunidades cristianas y que acompañó a Jesús, su maestro, en sus recorridos por Galilea y en su pasión y muerte. No hay el menor indicio en la literatura neo testamentaria que permita relacionarla con una prostituta. A pesar de ello, la iglesia hizo pasar a la historia a María Magdalena como una mujer arrepentida de su pasado y penitente.

Para  los varones eclesiales fue necesario borrar las huellas de liderazgo en las  mujeres y a cambio de ello, construir paso a paso un “modelo de penitente, lacrimosa¸ que inspirara siempre la posibilidad de arrodillarse para hacerse perdonar. Pocas veces en la historia de la humanidad, si es que ha habido alguna, una memoria ha sido deformada y robada de tal manera.

Nos dice de nuevo Bourdieu:

La fuerza simbólica es una forma de poder que se ejerce directamente sobre los cuerpos y como por arte de magia, al margen de cualquier coacción física; pero esta magia sólo opera apoyándose en unas disposiciones registradas, a la manera de unos resortes, en lo más profundo de los cuerpos. Si es capaz de actuar como un disparador, es decir con un gasto extremadamente bajo de energía, es porque se limita a desencadenar las disposiciones que el trabajo de inculcación y de asimilación ha realizado en aquellos o aquellas que, gracias a ese hecho, le dan pábulo.

(Pierre Bourdieu, obra citada, página 54)  

Está claro que al convertir una líder en una penitente se estaba propiciando un falso espejo que facilitaba la dominación de las mujeres cristianas por medio de una especie de “mala conciencia” o de vergüenza colectiva generalizada.

Avanzamos un poco en el tiempo y nos encontramos con otra mujer ocultada: Marcela de Roma quien organiza en la iglesia la primera escuela de estudios bíblicos.  Nace en Roma, en el 329 de esta era, pertenece a la nobleza y queda viuda muy joven. A partir de su viudez, convoca a unas cuántas jóvenes para llevar una vida en común y dedicarse al estudio y a la oración, entrega a esta tarea toda su fortuna, estableciendo una “casa de vida en común”, en su palacio del Monte Aventino. En el año 382 funda la primera escuela bíblica y llama a Jerónimo de Stridon, traductor de la Vulgata para que sea el maestro que dirija estos estudios.

 Jerónimo en su carta a Principia atestigua de ella:

Únicamente diré que todo lo que yo había cosechado tras largos años de estudio, lo que yo había convertido como en una especie de segunda naturaleza tras prolongada meditación, ella lo absorbió con avidez, lo aprendió y lo hizo suyo de tal forma que, después de mi partida, cuando surgía una discusión sobre algún texto de las escrituras, se acudía a ella como árbitro.

(Jerónimo de Stridon: EPISTOLARIO, Volumen II, BAC - Madrid 1995, Pág. 612)

 

Modernamente ya sabemos que la historia no la hacen hombres o mujeres solos, que los movimientos históricos se generan y desarrollan en colectivo. En la iglesia se adjudica a San Jerónimo en soledad la totalidad de la fundación de los estudios bíblicos ignorando por completo el papel desempeñado en ellos por Marcela de Roma. Papel que le es reconocido por Jerónimo en varias de sus cartas. Una de las integrantes de su círculo fue Fabiola de Roma, fundadora del primer hospital de Occidente y a quien hoy, por fuera de la iglesia, se honra como la iniciadora de los cuidados paliativos. Marcela muere en Roma en el 410, a causa de las heridas y torturas que le ocasionaros los bárbaros en una de sus incursiones a la ciudad.

 

EN LA LARGA EDAD MEDIA

La historia sigue, nombres de abadesas que predicaban y administraban la eucaristía, mujeres que influyeron en la sociedad y en la iglesia de su tiempo,  nombres y figuras ignorados. Repetimos siempre nombres de hombres ilustres o santos, en tanto que no mencionamos nombres de mujeres. Clara de Asís en los principios del siglo XIII actualiza una nueva palabra: SORORIDAD, para esclarecer la parte femenina de la fraternidad. El pacto entre hermanos muchas veces ignora a las hermanas, de ahí la necesidad de explicitar las potencialidades y sentidos de la relación y el pacto entre las sores. La iglesia, ámbito privilegiado para acunar esta palabra la ignoró, la desechó y tuvimos que esperar al siglo XX para que feministas ateas la recuperaran. Y uno de los silencios más fuertes es el que ha habido en torno a Hildegarda de Bingen: Teóloga, científica, música, pintora… fundadora y predicadora. A lo largo del siglo XIII su teología iluminó a Europa. En la iglesia sólo se le ha hecho un reconocimiento tímido y tardío.

Un crimen simbólico inconmensurable lo constituye el intento de borrar de la historia la memoria de LAS BEGUINAS. No hay hechos para comparar esta realidad, porque de los herejes tenemos constancia en la lucha contra sus ideas, pero de estas agrupaciones femeninas no hay rastros. Ninguna historia de la iglesia las menciona, ninguna evocación espiritual. Y sin embargo…

Las beguinas configuraron un movimiento de mujeres original, libertario y fecundo como pocos, que albergó en su seno a miles de mujeres de las cuales algunas cobraron significación especial. Nace en Flandes y los países bajos y se extiende por Europa a todo lo largo de los siglos XII y XIII. En los beguinatos se agruparon mujeres que no querían someterse a la autoridad de un varón en el matrimonio y tampoco querían encerrarse en un convento, bajo la dirección espiritual de otro varón. Se agruparon para convivir, estudiar, orar y hacer el bien.

Las beguinas inauguran en la iglesia una forma de vida que combina la contemplación y la acción, tres siglos antes de que Ignacio de Loyola la popularizara. En sus casas responden a múltiples necesidades sociales: crean hospitales para enfermos, escuelas para niños, ancianatos… todo ello para responder a las nuevas demandas de las urbes nacientes. Sus casas se ubican a las entradas de las ciudades y acogen peregrinos:

Se encargaron de la defensa de los desamparados y del cuidado de los enfermos, de los niños, de los ancianos, e incluso de los enfermos de lepra, lo cual cabe destacar por su estrecha relación con el tema que estamos dando. En muchos casos también se dedicaban a la enseñanza de niñas sin recursos, e incluso fueron responsables de numerosas ceremonias litúrgicas. Además, llevaban una vida dedicada a la oración y al trabajo manual, mayoritariamente con materiales textiles, gracias a los cuales podían financiarse. No tenían ningún tipo de apoyo económico, por lo que su acción es aún más destacada, pues se dedicaban a ello por voluntad propia.

(Alicia Rodríguez Fernández: LAS BEGUINAS, SU HISTORIA Y SU FORMA DE VIDA

En: https://www.fundacionindex.com/gomeres/?p=1098, consultado 19 de Noviembre 2020)

 

Entre ellas encontramos mujeres cuyo nombre y experiencia mística alcanzaron cumbres muy especiales: Hadewych de Amberes, excelente poeta; Matilde de Magdeburgo, Beatriz de Nazaret y la extraordinaria Margarita Porete, con su conocida obra Espejo de las almas simples y quien fuera quemada en la hoguera por la inquisición. El hecho de que sus vidas fueran autónomas y al margen de los controles eclesiales establecidos para mujeres determinó que la iglesia condenara su forma de vida. El Concilio de Viena, en 1312 la condenó y aunque algunos beguinatos sobrevivieron aún mucho tiempo, un gran número de ellas terminó por acogerse a las congregaciones convencionales. Su invaluable herencia apenas empieza a ser recuperada por las feministas creyentes.

 

VIOLENCIA QUE NO LLEGÓ A SU FIN EN LA MODERNIDAD

Podríamos pensar que esta violencia simbólica contra las mujeres es cosa del pasado y que ya los presbíteros o pastores no manejan las conciencias femeninas. Desafortunadamente estas violencias llegan al siglo XX y algunas subsisten en el siglo XXI.

Hasta 1996 no se cerró en Irlanda “el último asilo de las Magdalenas”. Conocidas como “las lavanderías de las Magdalenas”, en estas instituciones de la iglesia católica, se ejerció por más de 150 años una violencia atroz tanto simbólica como física contra las mujeres. En varios países del norte de Europa se encerraba bajo régimen carcelario, en el que las monjas eran las guardianas, a muchachas jóvenes, generalmente madres solteras o algunas que supuestamente no habían mantenido su virginidad.

En  primer lugar se les estigmatizaba y condenaba a la condición de penitentes… actualizando así el robo de memoria ejercido sobre María de Magdala. En segundo lugar se les robaba a sus hijos que eran dados en adopción a parejas fieles a la iglesia. Finalmente se les vejaba en el trato y se les condenaba a largas jornadas de trabajos forzados que minaban su salud y su energía síquica y espiritual. Se trata de  una historia de horrores que está todavía por escribirse.

Y si nos situamos en América Latina y en tradiciones liberacionistas, también encontramos ataques a la  memoria femenina. La historiadora Ana María BIdegain, en su artículo: UNA HISTORIA SILENCIADA, NO RECONOCIDA, IGNORADA, OCULTADA, INVISIBILIZADA: LA VIDA RELIGIOSA FEMENINA EN LA HISTORIA BRASILEÑA E HISPANOAMERICANA, denuncia un silenciamiento más en esta larga cadena de  memorias dañadas.

(REVER Revista de estudios de la religión:

 https://revistas.pucsp.br/rever/article/view/21743, 2014)

 

Bidegain plantea, entre otras cosas, que el clima que hizo posible el nacimiento y desarrollo de la teología de la liberación, fue el que generaron las religiosas latinoamericanas que en casi todos los países, se desplazaron en las décadas del 50 y 60 del siglo XX especialmente, a vivir en los barrios populares y marginados. Gustavo Gutiérrez es claro al afirmar que “la teología de la liberación es un segundo momento, que el primero es la praxis misma liberadora”. Pues bien, estas religiosas se insertaron en medios populares y acompañaron a las comunidades en sus alegrías y sufrimientos, en sus dolores, en sus luchas y reivindicaciones, en sus festividades religiosas… En este acompañamiento y en su reflexión, se pusieron las bases de una comprensión liberadora de la Biblia y de una comprensión liberadora de la experiencia cristiana.

 

Este papel de pioneras, no les ha sido reconocido por nadie, ni se ha recogido en la memoria de la teología liberadora, ni del caminar de las Comunidades Eclesiales. Fueron estas religiosas las que dieron los primeros pasos en la comprensión de Jesucristo el Liberador y en la relectura latinoamericana de la Biblia y sus diferentes hermenéuticas.

 

Llego al final del recorrido. Violencias hay más… Es violencia simbólica que se interprete que la masculinidad de Jesús de Nazaret coloca a las mujeres en situación de desigualdad ante Dios. Es violencia simbólica que se predique un Dios varón… pero de momento termino, otras voces vendrán.

 

 

 

Carmiña Navia Velasco

Casa Cultural Tejiendo Sororidades

Círculo espiritual María de Magdala

Noviembre, mes de la no violencia contra la mujer 2020

 



 

jueves, 8 de octubre de 2020

“Hermanos todos”, Francisco-Papa


 

Carmiña Navia Velasco

El Papa Francisco acaba de publicar su tercera encíclica. Lo ha hecho en un reconocimiento importante a Francisco de Asís, de quien él tomo su nombre de pontificado. El texto recoge y sistematiza todo su trabajo alrededor de los grandes temas que aborda: las economías y políticas injustas, la guerra y la paz y fundamentalmente el llamado evangélico a un amor fraternal-universal. Lo primero que a mí como lectora me llama la atención es el lenguaje directo, sencillo y completamente alejado de las prosopopeyas tan comunes en los documentos vaticanos, que hacen que estos resulten ilegibles para hombres y mujeres de hoy. Es un texto que aunque quizás muy largo, es de fácil lectura, asimilación y consulta para quienes quieran recibir estas orientaciones. La problemática abordada es muy amplia, la propuesta a realizar socialmente es muy compleja. Voy a destacar en mi comentario algunos aspectos que a mi juicio son los más relevantes en estos momentos que vivimos.

 

1. Llamado al Amor y a la Amistad Social.

Francisco insiste en la necesidad de construir una civilización del amor. Un mundo en el que se practique lo que él denomina amor y amistad social… es decir una sociedad en la que no se excluya y no se niegue a nadie su derecho a vivir dignamente y a realizarse como persona. Para que este llamado no se quede en un idealismo etéreo, se hace necesario que la economía y la política se organicen de tal manera que posibiliten e impulsen  un reparto equitativo de los bienes de la tierra entre toda la humanidad. El autor insiste en que todo hombre y mujer sin distingos de condiciones o lugares de nacimiento tiene derecho a acceder a un destino de realización y felicidad.

Para sustentar este llamamiento se inspira en la parábola del buen samaritano (Lucas 10, 25-37), que decodifica paso por paso iluminando lo que constituiría esa amistad social que trasciende fronteras y cercanías. Plantea que el Evangelio de Jesús, es eso: Un llamado a la fraternidad universal. Insiste también en que es necesario que ese amor se convierta en voluntad política que permita organizar el poder y los recursos sociales a su servicio. Llama entonces a los líderes del mundo a deponer sus ambiciones personales y generar de veras el bien común, horizonte último del quehacer político. 

Veamos sus palabras:

A partir del amor social es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos. El amor social es una fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y planteamientos jurídicos. [Numeral 183]

 

2. Denuncia del sistema neoliberal

Para despejar el camino hacia esa organización social-mundial, Francisco plantea que es necesario tomar distancia y superar la economía neoliberal que rige en Occidente. Realiza una denuncia valiente y fuerte de esta ideología individualista y atropelladora en que nos movemos. Insiste en la necesidad de no dejarnos convencer de que el neoliberalismo es el único camino posible.

Ya he leído alguna crítica que lo tilda de “comunista”, demostrando las soluciones fundamentalistas y polarizadas fáciles que él mismo denuncia. Bergoglio se mueve muy lejos del comunismo. Inscribe todo su discurso, en lo más granado y puro de la Doctrina Social de la Iglesia y plantea en consecuencia que la propiedad privada tiene límites y que sobre ella pesa una hipoteca social, que es imprescindible tener presente. Insiste entonces en que el sistema neoliberal al absolutizar el mercado como el horizonte en el que se solucionarían todos los conflictos, lo que hace es atropellar la dignidad de los menos favorecidos y negar a los pobres y a los países menos desarrollados la posibilidad de superar su situación de grave atraso y pobreza. Muestra cómo el neoliberalismo logra despojar de su fuerza de trabajo a millones de seres en el mundo, desconociendo radicalmente su derecho a la vida.

Se trata de una crítica lúcida y valiente que ilumina otras posibilidades de organización y otros horizontes a los cuales tender.

 

3. Migración.

Un aspecto que es importante señalar es que el Papa tiene todo el tiempo presente en su discurrir a los millones de migrantes que buscan cada día salir de sus países de origen en los que no encuentran posibilidades, para tocar las puertas de los países ricos en los que aspiran a encontrar un refugio para sí y sus familias. Sitúa las constantes migraciones como uno de los grandes dramas de nuestra época.

Su posición es dura contra los países ricos y para ello recurre a algunos de los planteamientos de los padres de la iglesia,  en el sentido de que si unos tienen tanto de sobra es porque han despojado a otros de lo que les pertenece. En el numeral 119, cita a Gregorio Magno: Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les damos nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo.

Interpela sin ninguna vacilación a los países del mundo rico, especialmente Europa y Norteamérica, para que abran sus fronteras, simplifiquen visados y papeles, de forma que las gentes del sur puedan llegar más fácilmente a buscar su vida y sus sueños en otros lares y se sientan verdaderamente acogidos. Enfáticamente llama a las organizaciones internacionales a que realicen una opción eficaz por los menos favorecidos.

 

4. Ecumenismo

El horizonte papal es igualmente un ecumenismo de brazos abiertos y acogida desde el fondo del corazón. Uno de sus principales interlocutores es el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb y con él, el mundo del Islam. Pero al final de su recorrido, explicita haber sido motivado e interpelado en su reflexión por Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Desmond Tutu… a quienes convoca a su página como antecesores en estos temas, que reconoce y admira. Les atribuye un horizonte similar al suyo. Del mismo modo llama a la unidad de las tradiciones espirituales, reconociendo que aceptamos un único Dios, al que nos acercamos de distintas maneras y por distintas vías.

 

5. Mujer

Aquí encuentro yo la gran ausencia de la encíclica que por otro lado, me parece estupenda. Definitivamente en el horizonte del Papa Francisco no existimos las  mujeres, ni nuestras causas, ni nuestras marginaciones. Es claro que las mujeres, especialmente en el mundo pobre, son las más excluidas y las más carentes. Es claro que entre los migrantes de América Latina, la mayoría son las mujeres que viajan hacia Europa para enviar dinero a sus hijos, compañeros o padres… mujeres que tendrán que asumir en sus nuevos destinos los trabajos más duros, más difíciles… los que las gentes del norte no quieren realizar.

En este mundo de injusticias le faltó señalar la prostitución como una de las mayores explotaciones que soportamos en medio de dinámicas excluyentes. En este mundo de migraciones masivas no precisó que la trata de personas, es el pecado máximo de nuestras sociedades.

También olvidó Francisco el camino económico que hacia el amor social, nos señalan las mujeres desde esa economía en la que ellas son pioneras y especialistas: la economía del cuidado. Las y los economistas que han profundizado en esta realidad que habita el mundo -en medio de los estragos del neoliberalismo- plantean que se trata de una práctica inspirada en valores de solidaridad, fraternidad, sororidad… que puede transformar el mundo. Una práctica que puede servir de modelo e inspiración para nuevas formas de relacionamiento y organización socio-política.

A pesar de su ceguera ante las cuestiones de género, saludo la encíclica y deseo que los poderosos escuchen esta voz que reclama por los más silenciados, por aquello y aquellas que no cuentan en las leyes del mercado.

 

Santiago de Cali, 6 de Octubre del 2020 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 12 de agosto de 2020

                            QUÉ SE SABE DE MARÍA MAGDALENA



La editorial Verbo de Divino de España, acaba de publicar esta magnífica obra de Carmen Bernabé. Carmen, profesora de la Universidad de Deusto, es una especialista en la figura de esta apóstol del movimiento de Jesús de Nazaret y ha publicado numerosos ensayos sobre ella. Desde 1994, con su libro: María Magdalena, tradiciones en el cristianismo primitivo,  nos introduce a fondo en la presentación que los textos hacen de ella; posteriormente la mira -en diversos estudios colectivos- en las múltiples facetas que puede tener. De momento culmina sus investigaciones con esta publicación que nos acaba de entregar.

Cada vez más, la figura de esta mujer se revela como fascinante. Sus datos históricos están un poco perdidos en la bruma, pero es claro que sus contemporáneos la consideraron muy especial y la memoria que guardaron y transmitieron de ella fue la de alguien de una potencia singular. Es fundamentalmente de ello, de lo que Carmen Bernabé se ocupa en este libro.

En el texto se realiza una reflexión-presentación de la importancia y de las formas de la memoria… cómo se construye y qué significa al interior y en los procesos de quienes la elaboran. La autora, a continuación, repasa las distintas imágenes populares que han signado a la Magdalena. Examina las corrientes por las que han transcurrido las aproximaciones a su figura: Su reconocimiento inicial como apóstol del movimiento de Jesús y luego su popularización como prostituta arrepentida, convertida por Jesús y penitente. Mira en detalle toda la construcción y la evolución de esta imagen que ha inspirado abundantemente al arte y la literatura. Se refiere más rápidamente a algunas imágenes aparecidas recientemente en la que se le ubica como esposa de Jesús e inclusive como madre de sus hijos.

A continuación y por medio de un trabajo riguroso, mira paso a paso las presentaciones de María de Magdala en los textos de los primeros siglos del cristianismo: Primero en los canónicos y luego en los apócrifos y en algunas polémicas que igualmente pueden arrojar luces. Nos entrega entonces las distintas propuestas que sobre esta mujer hacen los autores e indica cuales son los datos estrictos que sobre ella arrojan los textos. Muestra las diferencias entre Lucas de un lado y Marcos y Juan de otro. En el primero la autoridad femenina se supedita a la masculina de Pedro, en los segundos se reconoce a las mujeres la autoridad de haber sido testigos de la resurrección.

La obra examina -a partir de la afirmación de Lucas de que Jesús sacó de ella, siete demonios- el tema de las “posesiones demoniacas” y de las mujeres u otros sujetos marginados, considerados “poseídos”. Explica cómo los comportamientos así señalados eran comportamientos marcados por el descontento y la protesta y conllevaban un cierto grado de desajuste social. La autora parte de que el movimiento de Jesús fue en sus orígenes un movimiento contracultural y por eso las personas señaladas y excluidas por ciertos tipos de comportamiento encontraron en él su lugar, en este sentido se explican entonces las curaciones de los endemoniados.

Igualmente el recorrido nos detiene a los lectores y lectoras en los relatos de la resurrección y en los pasajes conocidos como los de “la tumba vacía”. Para ello, la autora estudia tradiciones culturales en el mundo greco-romano y  judío de los siglos I antes de Cristo y I de nuestra era y examina el papel asignado a las mujeres en torno a los rituales de la muerte. Carmen Bernabé muestra cómo alrededor de la sepultura y la velación de los muertos se iba tejiendo la memoria de quienes habían fallecido y se iba mitigando, en estos rituales, el dolor de la pérdida.

Esta mirada es muy importante porque borrar de un plumazo, como mitos y sin análisis los relatos de la “tumba vacía”, es anular unas tradiciones en las que las mujeres juegan un papel definitivo. Bernabé Ubieta muestra cómo no es impensable que los seguidores de Jesús tuvieran noticia del lugar en que fue enterrado ya que al tratarse de un judío y de la fiesta de Pascua, es muy probable que algún miembro del Sanedrín se ocupara de su sepultura. El texto concluye:

Como se ha visto anteriormente, el que los discípulos no hubieran enterrado a Jesús no significa que no supieran donde había sido puesto. Tampoco hacía falta entrar en el sepulcro para hacer e duelo y la lamentación. El papel de testigos de las mujeres es subrayado y recordado en las comunidades. (Texto en referencia).

Después del recorrido por  los textos evangélicos, fundamentalmente los canónicos, en las últimas páginas se regresa a los distintos imaginarios sobre María Magdalena que por siglos se han mantenido y repetido en distintas partes de Occidente.

Con este recorrido al que nos invita y guía la autora, una de las cosas que queda totalmente clara es que María la de Magdala, la mujer a la que se refieren los evangelios como seguidora y apóstol de Jesús de Nazaret, fue una mujer muy, muy fuerte… porque su memoria no sólo trascendió los siglos, sino que produjo una verdadera explosión de significados diversos. Distintas comunidades, distintos grupos, en lugares diversos la reivindicaron  y transmitieron de ella memorias que se visualizan como un poliedro de colores.

Enfrascarnos en la lectura de este libro es realizar un viaje fascinante a través de algunos aspectos de la memoria del cristianismo primitivo y de la trayectoria sobre la realidad y la imaginación de una de las mujeres más fuertes de estos inicios.

Carmiña Navia Velasco

Santiago de Cali, Julio 2020

·      Carmen Bernabé: QUÉ SE SABE DE… MARÍA MAGDALENA

     Editorial Verbo Divino. Estela-Navarra 2020

viernes, 24 de julio de 2020

Y llegaron las Magdalenas






Hoy se juntaron las Magdalenas, caminaban presurosas, buscaban en baúles, trastos viejos, debajo de las piedras, en pergaminos, algún vestigio de objetos, que declararan su felicidad de estar allí juntas.


Llegaron las obreras recordando las largas jornadas, trabajando al frente de una máquina, de pie con su circulación en vilo, con el agotamiento de la pesadumbre por la injusta paga, pero pensando en la tarde que les aguardaba para la juntanza.

También llegaron las agricultoras, cargadas de frutas y hortalizas de muchos colores y olores, impregnando todo el espacio, nos recordaron el papel tan importante de ellas, mujeres hacedoras de historia, conservadoras de vida, las semillas que se hacen historia y se hacen alimento, ellas que guardan memorias de alegrías y tristezas.  Hicieron presencia las maestras, de manera discreta hacen reverencia a las compañeras ya presentes, traen papeles, letras, cuentos, historias, juegos y también nos traen las palabras y la paciencia que convoca a romper la ignorancia.

Las poetas irrumpen en el salón y con frases que acarician las letras, los sentimientos, los colores y dan forma a las múltiples maneras de contar y dibujar las cosas, a veces con ternura, en otras ocasiones con recetas de rebeldía, imponiendo la dignidad y la resistencia.

Bien llegadas son las sanadoras, artemisas de ilusión, ellas también usan las palabras, las yerbas, las aguas, el fuego, las piedras y las caricias, sus cuencos están llenos de pócimas prestas para arrullar nuestros cuerpos y con un sana que sana, lamen y besan nuestras heridas, esas que solo las Magdalenas reconocen, porque las llevan por siglos en el corazón, tatuadas por el trasegar de sus pasos en el vivir de muchas mujeres.

Presurosas llegan ellas, las llamadas Brujas, abren sus sacos llenos de pedacitos de rocas, palitos, flores, lágrimas, risas y esperanzas y conjura en contra de la injusticia, la tristeza y el miedo, y convoca la alegría, la sororidad, la esperanza y el amor, el amor que todo lo puede y lo trae de generaciones antiguas y futuras; con cuidado embalsaman sus tenues fisuras con aceites de paciencia y templanza.

Aparecen de manera reservada las científicas, con aparatos y largos informes, con la duda metódica observándolas, ellas con sus sabias miradas nos invitan a explorar, a buscar nuevos caminos, nos exhortan a dudar y a cuestionar lo que nos vende el sistema.

Llegaron las Magdalenas Madres, sofocadas por sus arduas tareas, nos cuentan historias de trasnochos y aventuras de pantano, nos hablan de cuidados y arrullos, nos hablan de la vida. Aparecen las muchachas que decidieron maternar las luchas, las noches y las primaveras, están allí agitando pañuelos verdes y morados, están tan presentes que se nos meten en las pupilas, nos convocan y nos remiten a pensar en las niñas.

Al fin las Magdalenas estaban juntas, se miraron con ojos vibrantes de reverencia, abrazaron sus luchas, reconocieron sus habilidades, sus dones; pusieron de frente sus brazos y recogieron los suspiros y promesas del último encuentro, y de nuevo se prometieron apoyo y declararon felicidad por estar juntas y reconocerse, aún sigue siendo un acto de rebeldía y resistencia, imponerse a estar allí, mirándose, cantando y bailándole a la vida.



Ya todo está dispuesto, el aquelarre no se detiene, las Magdalenas están juntas, arropan la memoria de quienes no llegaron y guardan trozos de esperanza para su felicidad.


María Eugenia Betancur Pulgarín
Julio 22/2020
Santiago de Cali - Colombia